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22 Julio 2017
 
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Opinión

Nuestros padres, ¡qué gran generación!

  • Hace unos días escuché una frase que me hizo pensar muchas cosas, y sobre  la que aún sigo reflexionando. Nuestros padres no sólo han tenido que trabajar para los suyos desde que les alcanza la memoria, llevando dinero a casa, sino que han trabajado para labrarse ellos mismos un futuro, para sus hijos y, ahora siguen adelante sin descanso para mantener a sus nietos. Cuatro generaciones a sus espaldas parece una carga demasiado pesada.  ¿Qué está pasando en este país? ¿Por qué nuestros mayores se ven obligados a seguir siendo el principal sustento de nuestra generación y de las que nosotros traemos al mundo?
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10 de Junio de 2013

Mi padre comenzó trabajando en el campo cuando apenas contaba con ocho años, con doce se fue a trabajar a Mallorca de camarero, desde allí mandaba dinero a mis abuelos puntualmente. Muchos años después regresó a Albacete, comenzó en el sector de la construcción y, gracias a su esfuerzo, unas fuertes manos curtidas a base de jornales interminables, su pericia y la esperanza de dar a sus tres hijas un futuro mejor que el que a él le ofrecieron, consiguió no sólo ascender en su empresa y hacerse respetar – a pesar de no saber casi ni leer ni escribir- sino que logró que mis hermanas y yo cumpliéramos el sueño que él no pudo conseguir: ir a la Universidad. Recuerdo que siempre nos decía que esa era la mejor herencia que podría dejarnos, pero ¡qué equivocado estaba!

Hoy, miro atrás, y no quiero hablar de si mi periplo por la Facultad de Ciencias de la Información fue una pérdida de tiempo, o no, ni de las horas extra que mi padre tuvo que hacer para poder sufragar mis estudios. Tampoco puedo quejarme; desde que me licencié he podido trabajar en lo que me gustaba… hasta ahora, claro. Pero sobre lo que sí puedo y debo protestar es sobre la pesada carga que llevan sobre sus hombros más del 65 por ciento de los jubilados de este país. Han estado toda una vida sacrificados por su familia y cuando por fin les tocaría disfrutar de ellos, de su tiempo, de la prestación que les garantiza nuestra Carta Magna por “los años de servicio prestados”, simplemente no pueden.  Si en su juventud la escasez  y los estragos de la posguerra les obligaron a sacrificarse por sus familias, ahora son las consecuencias de una crisis que ellos no han buscado ni entienden, las que los encadenan a continuar siendo el pilar fundamental de la Familia.

Qué triste, nada parece lógico. Los viejos trabajando por los jóvenes y los jóvenes queriendo trabajar para retirar a los viejos. Todos vemos con claridad el camino pero nadie encuentra el calzado adecuado para recorrerlo e invertir la situación y menos, cuando escuchas que en lugares como Barcelona, se ha detectado que la única comida diaria que reciben más de tres mil niños es la que les dan en sus respectivos comedores escolares.

Mientras, nuestro presidente y el líder de la oposición, junto a otros partidos “minoritarios”, llegan a acuerdos para que en Europa vean que somos buenos hermanos y que estamos unidos. Pero la pregunta es, ¿cuándo dejarán de mirarse el ombligo, de estar más preocupados por conservar su escaño que de hacer el trabajo por el que les pagamos, para comenzar a aplicar la pura lógica a la realidad del día a día de su país y hacer políticas que hagan que el niño juegue, el joven estudie, el adulto trabaje y el viejo descanse?

Cuando logren eso recuperarán nuestra confianza y lo más importante, cumplirán con la Ley de la Vida, la más importante de todas.

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