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Opinión

No somos tontos

Sí que nos enteramos

"No somos tontos. No hace falta ser eruditos, devoradores de periódicos, ilustrados o ilustres, o economistas para saber que este país huele a podrido. No hay tregua ni descanso y la gente lo sabe, lo ve, lo comenta y lo más importante, lo entiende todo".
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21 de junio de 2013

Desde hace unos meses no salgo de mi asombro. Camine por donde camine, escucho a mi alrededor las conversaciones de la gente, y a cada paso que doy me sorprenden para bien, para muy bien. Reflexiones sin desperdicio de todo lo que nos rodea, desde el impertinente consejo del Fondo Monetario Internacional para que nos bajemos aún más los sueldos, hasta la metedura de pata de Hacienda con el DNI de la Infanta, pasando por la corrupción desmedida con la que desayunamos desde hace semanas.

Y la conclusión a la que me hacen llegar cada una de esas disertaciones ofrecidas sin cobro alguno por amas de casa, desempleados, maestros o agricultores, es que sí nos enteramos.

Son una fuente de conocimiento y sabiduría inagotables. Y no son tontos, no somos tontos. No hace falta ser eruditos, devoradores de periódicos, ilustrados o ilustres, o economistas para saber que este país huele a podrido. No hay tregua ni descanso y la gente lo sabe, lo ve, lo comenta y lo más importante, lo entiende todo.

Ayer en la cola de la frutería una mujer hablaba con más razón que un santo, sobre las consecuencias que hubiera tenido una persona anónima si le hubiera pasado lo mismo que a nuestra querida Infanta Cristina. Para ella, con un DNI de lo más característico –que para algo es de la realeza-, todo parece quedar en una simple anécdota, decía esta buena señora; un fallo de Hacienda. “No hay quien se lo crea”, continuó diciendo, hasta el “bueno” de Cristóbal Montoro se ponía nervioso al hablar de los “deneises” y del “error” de los funcionarios. “Aquí está claro quién se va a comer el marrón y no será precisamente la infantita, será el pobre empleado de Hacienda que dio el visto bueno a las supuestas ventas”. Un buen discurso, ¿verdad? Digno del mejor analista.

Otro ejemplo. Esta mañana me he quedado de piedra al pasar por delante de un grupo de adolescentes, de no más de 16 años, que estaban hablando de las consecuencias que el “Caso Bárcenas” tendrá para el Partido Popular. El mejor comentario, sin duda, ha sido el de una chica vestida de los pies a la cabeza de color flúor, tan de moda este verano, que aseguraba que el ex tesorero popular acabaría en la cárcel, pero cumpliendo condena en una celda con vistas al mar, olor a vainilla y un portátil con conexión a Internet para seguir “trapicheando a lo grande”.

Y para rematar me llama mi madre, ama de casa de toda la vida, asustadísima por la Reforma de las Pensiones que está perpetrando el Gobierno, y me regala los oídos con una disertación de lo más acertada sobre lo que cobraré yo cuando llegue a la vejez: nada. Así que, ni corta ni perezosa, me aconseja un plan de pensiones, con unas ventajas buenísimas que le ha contado una amiga que se ha informado al margen de los banqueros, “que de esos no hay quien se fie ya”.

Así que, aunque lo llevo vislumbrando desde hace tiempo, me han bastado veinticuatro horas para saber que SÍ NOS ENTERAMOS, vaya que si nos enteramos.

 

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