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Cultura

La aventura de ir al teatro

Sobre ‘La Calle del Mariano’ en Albacete

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19 de enero de 2015

Este fin desemana se ha representado en el EA! Teatro de Albacete la obra La calle del Mariano. Es una producción de Perigallo Teatro, dirigida por Abraham Oceransky e interpretada por Vicenç Miralles, Celia Nadal y Javier Manzanera.

Lo primero que hay que señalar es la diferencia entre algunos espectáculos convencionales en los que casi nada que nos interpele puede ocurrir, sino sólo, tal vez, nuestra dependencia como consumidores. Sin embargo lo que sucede con el trabajo de Perigallo Teatro es distinto. En éste ocurren cosas. Cosas que es imposible que sean seriadas. Cosas irrepetibles.

Por ejemplo, que al acabar la función, los actores, desde el escenario, con la colaboración del EA! Teatro, sugieren, a los asistentes que puedan hacerlo, que se queden a compartir una cerveza o a una copa de vino, con unos aperitivos que resultaron deliciosos, y, sobre todo, a intercambiar sensaciones y experiencias a propósito de la obra que se había representado, o de la vida en general. Seguro que en cada ciudad, y en cada sesión, la experiencia es distinta, y no porque claro, salvo los actores, casi nadie repita, sino porque la obra cada día sale distinta en la frescura y en la espontaneidad de la representación, y porque resuena distinta con la fatalidad de la ocurrencia de algún episodio policial, o de corrupción económica, o, también, con la aprobación de alguna nueva ley represiva. De no estar allí no se puede imaginar el carácter fluido y la placidez con que ese encuentro transcurrió. Unos espectadores entregados, unos actores impresionados por esa entrega y dándolo todo, ¿cuánto tiempo transcurrió? No lo sabría decir. No creo que nadie lo supiera. Como si el tiempo se hubiera suspendido, como si estuviéramos, juntos, otra vez, o, ¡por fin!, sin darnos cuenta, sin haberlo buscado intencionadamente, compartiendo un poco de felicidad.

cartel la calle del mariano perigallo teatro

Al explicar Celia y Javier el proceso de elaboración del artificio escénico, a los que tenemos la mala conciencia de no ser demasiado persistentes en nuestra afición al teatro, se nos iluminaron gran cantidad de matices que por nuestra torpeza, por no estar demasiado puestos, nos habían pasado desapercibidos. Y también que para ellos, como personas, el juego en el escenario es simultáneamente la prolongación natural y coherente de sus juegos de infancia, la conjuración de sus limitaciones, y la rectificación de su salida en falso de aquel estado. Casi estoy tentado de pensar que esta prolongación de aquellos juegos es el verdadero final de la obra, del que el final casi feliz que ocurre sobre el escenario, y que luego algunos asistentes comentaron, discutieron e intentaron comprender, no es más que un pálido reflejo.

Puedo señalar desde mi limitada capacidad técnica algunos aspectos notables que me parece que concurren en la obra y que coinciden e ilustran las pocas lecturas que puedo invocar. En primer lugar, el carácter moral de la escena, Walter Benjamin, que no comunica conocimientos, sino que los produce; y luego la importancia de la técnica del montaje de materiales heterogéneos, para hacer fecundo lo carente de intención, Th. W. Adorno, y también para interrumpir la ilusión frente a las perspectivas armonizadoras, Susan Buck-Morss.

Las actuaciones fueron tan vivas, tan frescas, tan ponderadas, tan llenas de matices, tan sobrias. Uno se da cuenta al hablar con Celia y con Javier. ¡Qué pena que Vicenç no pudiera quedarse! Llaman la atención. Sobre todo cuando nos fueron contando cómo habían incorporado algunos elementos autobiográficos.

Otro aspecto a destacar que se contextualiza por las referencias de Antuán, el personaje de Vicenç Miralles, a Segismundo, a Shylock, etc., en general a la tradición teatral, incluido el Introibo at altare dei, es que la catarsis, la purificación, que tradicionalmente en la teoría de la Poética de Aristóteles, tiene una vertiente individual, según la cual los personajes, y los espectadores, se liberan y conjuran sus “taras”, tiene también un significado colectivo: al presentar una posibilidad de la recuperación de la ilusión y el apasionamiento de los juegos de la infancia el orden social queda de alguna forma algo purificado; sólo por la posibilidad de que no todo pueda estar perdido definitivamente.

Y luego el aspecto concreto de la humanización de las personas que componen los cuerpos de la policía, dirigidos en la actualidad por los que están comprometidos en debilitar los derechos sociales de los sectores desposeídos, y tan diferente de la naturaleza del conocido poema de Erich Fried (1921-1988) La superación terapéutica de la militancia (Tu resistencia/ contra la policía/ que te pisotea…). Otra ilustración de una referencia que recordaba hace poco: El pensamiento que guarda fidelidad a la utopía para realizarla honra a lo que se le opone para ponerlo en movimiento. No de otra forma opera la recta praxis.

Ya se habrán dado cuenta de la importancia de lo que acaece alrededor de la obra La calle del Mariano en el EA! Teatro. Parece que los milagros existen.

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