Resulta difícil no preguntarse si existe un pacto tácito para apartar de la política a quienes llegan con una trayectoria profesional propia, formación y experiencia fuera de los partidos. Personas que no necesitan un cargo para vivir y que, precisamente por esa independencia, pueden permitirse discrepar. Cuando la respuesta a esa independencia es la difamación y el señalamiento, quizá el problema no esté en quien se atreve a hablar, sino en quienes prefieren una política protagonizada siempre por los mismos.
El incómodo privilegio de ser libre
La difamación como arma contra quien no necesita la política
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