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Opinión

Garantía de la libertad de pensamiento

Laicidad

  • El profesor Mario Plaza escribe esta reflexión tras asistir al debate con los líderes políticos albaceteños, previo a las Elecciones del 20 de dciembre.
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11 de diciembre de 2015

El 18 de enero de 1844 el vizconde de Tocqueville pronunció en la Cámara de Diputados de la República Francesa un discurso sobre la enseñanza:

Tengo por cierto que la educación laica es la garantía de la libertad de pensamiento. Creo firmemente que la Universidad debe ser el hogar principal de los estudios y que el Estado debe conservar derechos muy amplios de supervisión incluso sobre las escuelas que no dirige. (Carta de Tocqueville a Bouchitté, 4 de febrero de 1844. La información en general en esta nota se extrae del libro Pierre Gibert de 1977 Égalité sociale et liberté politique. Une introducction à l’ouvre de Tocqueville. Igualdad social y libertad política. Antología esencial, Página Indómita, Barcelona, 2015).

Alexis de Tocqueville (París, 1805 – Cannes, 1859), teórico político, historiador, filósofo de la historia y precursor de la sociología, es uno de los pensadores más relevantes del siglo XIX, y uno de los más importantes del liberalismo político. Fue bisnieto del también político y ministro de Luis XVI Guillaume de Malesherbes.

Tras estudiar derecho y filosofía, obtiene en 1827 el puesto de juez en el tribunal de Versalles. En 1831, por encargo del Ministerio del Interior, viaja a los Estados Unidos, con su amigo Gustave de Beaumont, para estudiar el sistema penitenciario del país. A su regreso, en 1932, ambos redactan El sistema penitenciario en los Estados Unidos y su aplicación en Francia. Ese mismo año presenta su dimisión en el tribunal y comienza a escribir La democracia en América, cuya primera parte ve la luz en 1835 y obtiene un éxito inmediato. Tras realizar varios viajes a Inglaterra, donde en 1836 se publica El estado social y político de Francia antes y después de 1789, es elegido, en 1838, diputado por el distrito de Valognes. Dos años más tarde publica la segunda parte de La democracia en América, que no encontrará un eco tan caluroso como la primera.

Hasta 1851 su actividad será fundamentalmente política, como diputado, miembro de la comisión encargada de redactar la Constitución de 1848 y ministro de Asuntos Exteriores. Durante esa época pronuncia en la Cámara varios discursos importantes. Tras el golpe de Estado de Luis Napoleón Bonaparte se retira de la vida pública y se centra en su segunda gran obra, El Antiguo Régimen y la Revolución, publicada en 1856, así como en los Recuerdos, que no verán la luz hasta 1893. Mantiene además una extensa correspondencia. Siempre que sus investigaciones y su salud no le obliguen a residir en otros lugares, el castillo que lleva su apellido será su morada habitual hasta su muerte.

En la siguiente cita se orienta sobre el sentido que Tocqueville atribuye a su principal obra La Democracia en América.

A los que se imaginan una democracia ideal, sueño brillante que creen poder realizar fácilmente, he tratado de mostrarles que lo han revestido de falsos colores […]

A quienes consideran que el término democracia es sinónimo de revolución, anarquía, expoliación y crímenes, he intentado señalarles que la democracia puede llegar a gobernar la sociedad respetando sus bienes, reconociendo sus derechos, poniendo a salvo la libertad y honrando las creencias […].

He querido paliar el ardor de los primeros y, sin des­alentarlos, mostrarles el único camino.

He tratado de reducir el terror de los segundos y ple­gar su voluntad a la idea de un futuro inevitable, de tal modo que, teniendo los unos un menor ardor, y presentando los otros menor resistencia, la sociedad pueda caminar de forma más pacífica hacia el cumplimiento necesario de su destino. Tal es la idea madre de la obra.

Como se observa en estos párrafos de la Carta de Tocqueville a Eugéne Stoffels del 21 de febrero de 1835, se trata de liberalismo en estado puro.

Claro que estando todos de acuerdo en las palabras del discurso del 18 de enero: Tengo por cierto que la educación laica es la garantía de la libertad de pensamiento, etc., de un autor tan clarividente, tan perspicaz, tan informado, etc., no todos harán el mismo uso de ellas. Unos tratarán de promover la laicidad para garantizar la libertad de la que habla Tocqueville. Y otros tratarán de evitar la laicidad para impedir la libertad, como la LOMCE de José Ignacio Wert, el Partido Popular, y el Estado Islámico, que hace pocos días amenazó el sistema de educación nacional francés, según se recoge en la Vanguardia del 5/12/201, por su corresponsal en París, Rafael Poch: Así lo anuncia ya la propaganda de la organización, con demenciales llamadas a cometer ataques contra los enseñantes que propagan una laicidad considerada “diabólica”.

Esto es lo que hay. En ese aspecto no hay tanta diferencia entre el Partido Popular y el llamado Estado Islámico.

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