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"Ni machista ni feminista", ni fu ni fa

Carta a Paula Echevarria

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1 de Junio de 2017

“Ni machista ni feminista, soy persona”. Claro Paulita, querida. No eres ni machista ni feminista: eres una ignorante. “No soy un chocho”, creyéndote en ese momento Simone de Beauvoir, creyéndote la abanderada de la igualdad… y, en cierto modo, lo fuiste. Fuiste abanderada de un movimiento de medio pelo, el movimiento que dice luchar por la igualdad pero al que le da miedo decir la palabra “FEMINISTA”.

Paula, querida. No sé si estarás muy ocupada, pero el concepto “feminismo” puedes encontrarlo a un click de Google. Y te adelanto, malas noticias, siento decirte que el feminismo no es el antónimo del machismo.

Está claro que el lenguaje siempre ha anulado a las mujeres y ahora la neolengua busca lo mismo en la palabra “feminista”, por el hecho de contener el prefijo “fem-” . No eres Paula, más que otra presa más de los nuevos coloquialismos  y, ahora sí , buenas noticias. Se puede remediar leyendo.

Paula, querida, el feminismo no necesita embajadoras como tú que reniegue del mismo término sin ni siquiera conocerlo. Porque Paula, no serás un chocho, pero si eres apariencia y publicidad. Y, no, el feminismo no necesita publicidad, el feminismo necesita PE-DA-GO-GÍ-A.

Te animo Paula, a que leas algo de Roy Galán, algún artículo de tu compañera de profesión, Leticia Dolera. En definitiva , Paula, lee.

La “neoLengua”

“No soy ni machista ni feminista”, “no soy ni de izquierdas ni de derechas”, “soy de los de abajo y voy a por los de arriba”… Párame eso ahí. Entonces, ¿eres de izquierdas, no?… La neolengua.

Aunque, a veces, más que la neolengua, me temo que es el miedo a parecer que estás en contra de todo, el querer pertenecer a lo socialmente aceptado por la mayoría, el miedo a posicionarse.

A lo largo de mi madurez, he ido observando y, sistemáticamente, cuando he oído a alguien defender a los mecanismos de las estructuras patriarcales y a sus hijos machistas siempre ha ido acompañado, posteriormente, de “¡ojo, cuidao, que yo no soy machista ni feminista!”.

Lo mismo pasa cuando oyes a alguien defender que el libre mercado tenga más poder que el pueblo…”¡ojo, cuidao´que yo no soy de izquierdas ni de derechas!”.

No solo quiere el patriarcado anular al feminismo, pues sabe que ya no se puede parar su marcha, ahora busca ridiculizarlo de la manera más mezquina posible, haciéndose pasar por su amigo.

Los chistes de los famosos

¡Eh, colegas feministas!, soy Dani Rovira, como he presentado en varias ocasiones  los Goya y os he defendido poniéndome tacones en alguna que otra gala, me siento con la legitimidad de mearme encima de vuestra lucha feminista haciendo un chistecito cutre de los míos en Twitter. Pero me lo perdonáis, ¿verdad?, – claro- porque no no soy machista. Ni feminista tampoco, claro.

Hola, “chochetes”, les habla Pablo Motos, hoy han venido a ser denigradas al Hormiguero… Tatatachán… Como soy el programa más visto de la televisión y aquí no pasa ni Cristo a hacer sus “promos” sin que mis huevos pelirrojos den el visto bueno, os voy a hacer pasar un mal trago, que ‘pa’eso’ estáis, para hacer la “promo” y para que yo vierta toda la idiotez del ser humano en cada una de mis mierdas de preguntas. Para hacerme sentir que yo soy el macho de la “tele”, el que manda, ¿no os enfadáis, verdad? Si total, las mujeres no se dividen entre las que pueden sentirse ofendidas o no. Se dividen entre las que perrean y las que no lo hacen.

¿Cuándo vamos a llamar las cosas por su nombre? ¿Cuándo vamos a respetar la igualdad efectiva? ¿Cuándo vamos a dejar de hacer chistes sobre el feminismo? ¿Cuándo vamos a dejar de anular al movimiento feminista? ¿Cuándo vamos a dejar de decirle a una mujer que es exagerada porque se haya sentido discriminada por cuestión de sexo? ¿Cuándo vamos a tratar los feminicidios como terrorismo de Estado?

El problema es que no haya quejas

“La menstruación como factor contribuyente de la conducta disruptiva”. Esto aparecía en un manual cuyos contenidos son regulados por el Ministerio de Empleo del Gobierno de España.

A mí, y a otras mujeres de la clase nos chirrió al leerlo y, por supuesto, hicimos los respectivos comentarios. Expuse la queja a la editorial, con la que previamente había mantenido contactos profesionales, y ésta reconoció el error y se comprometió a eliminar la desafortunada afirmación, además de a seguir trabajando en pos de la igualdad.

¡Todo solucionado! ¡Todo arreglado!

No, un momento.

Las mujeres pudimos habernos sentido ofendidas, -no todas, creo- . Sin embargo, hubo otros compañeros que se rieron del tema e hicieron comentarios jocosos sobre la situación.  “¡Alaa, que exagerada eres!” “Venga, Vero. Tampoco hay que ser así.” -¿Así, cómo?- me pregunté yo. -¿ni machista ni feminista?-

Exacto. El feminismo como chiste, como broma, como algo gracioso y como algo grotesco y exagerado. Hay mucho más por lo que trabajar, me temo.

A bien, la editorial decidió interesarse en el tema, pedir disculpas y rectificar, un hecho que les honra. El problema es cuando menosprecian al feminismo de una forma tan sutil que ni parece que haya que tener que disculpas a nadie. La neolengua.

 

 

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