12 de junio de 2013 - 12 de junio de 2024

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años de periodismo
El poema más personal de Miguel Ventayol

Nacido entre vinazas

Miguel Ventayol

(Parafraseando a la Creadence en Born on the Bayou)

Nacido entre vinazas,

así es como crecí, como mis mejores amigos

entre el aroma

de los restos de un buen vino.

El aroma

reconocible desde kilómetros

ahuyentaba los malos espíritus

aunque más los ahuyentaban

los ogros y brujas nacidos

frontera adentro.

 

Nuestros padres no nos avisaron

del miedo que les metieron en el cuerpo

y palos en las costillas.

No nos avisaron de que

no cometiéramos sus mismos errores.

No nos dijeron: “Huye, corre lejos, no mires atrás”,

porque todos nosotros

nacimos entre vinazas.

 

Recuerdo un Jueves Lardero

sin más merienda que un bocadillo

de chorizo.

Mirando con envidia las bicis

que corrían

por todo el pueblo

en busca de un lugar donde esconderse

de los ojos de los mayores.

Nadie me dijo que montar en bici era un placer de ricos

o un lujo de pobres

entre vinazas.

Allí huíamos las tardes de sábado, las tardes de primavera.

 

Escondidos de la edad adulta,

cuando nos faltaba tan poco

para diferenciar entre el vino bueno

el vino malo;

y el único vino que echarnos al cuerpo.

 

Nací en el sitio menos adecuado

un sitio de paso

como de paso

estaban mis padres;

que no supieron explicarme

la diferencia entre huir y vivir,

estar de paso o resistir.

 

Ese matiz que yo no sabría explicar

nacido entre vinazas

con el veneno inoculado,

desde el pecho hasta el bajo vientre.

Descastado sin saberlo

sin patria, sin saberlo.

Pero entre vinazas,

un olor que nos acompaña

donde vamos.

¡Troyano!

¡Qué mejor patria que los restos del vino!

¡Qué mejor patria que el aroma de la vida!

La vida que te dejas entre restos putrefactos.

Nacido entre vinazas,

tu aliento te delata

a kilómetros de distancia.

No hay Quijotes, ni luchadores,

no hay virreyes salvadores

ni poetas ilustres.

Ni un mal cantautor que recite odas

con una guitarra de los años 70.

Sólo emigrantes,

emigrados,

descastados,

gente que busca

porque sus padres no les explicaron

la diferencia

entre huir y vivir;

estar de paso o resistir.

Un lugar de brujas,

un paisaje

cobijo de amantes, reposo de caminantes,

máscaras de cuaresma

y extrarradio de viñas,

donde dar rienda suelta al amor,

el vicio y la lujuria.

 

Nacido entre vinazas.

Recuerdo un día, un día de primavera,

alguien del norte,

de una ciudad moderna me dijo:

¿Por qué hueles a restos de vino y queso?

¿Por qué morir en tu tierra?

¿Por qué amar un lugar inhóspito dónde no hay

árboles sino chaparros?

 

Es un lugar donde puedes perder la mirada

más allá del Mediterráneo,

porque

al nacer entre vinazas

tu mirada siempre estará turbia, perdida

soñadora, enloquecida, enamorada.

 

Porque lo llevas en las entrañas,

porque puede que tu mirada sea como dices,

así, un poco

como la mirada de las

brujas.

miguel ventayol, villarrobledo