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Opinión

Adorno más actual que nunca

Radicalismo de derechas

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19 de abril de 2020

El radicalismo de derechas es como las crisis económicas. Va por ciclos. Aunque desde la ocurrida en los años 73-75 puede decirse que siempre hay un cierto estado de crisis, y como se teoriza explícitamente desde entonces, la crisis es la forma de ser vigente del modelo en curso de la actividad económica. En el verano de 2019, con motivo del cincuentenario del fallecimiento de Th. W. Adorno, el 6 de agosto de 1969, se publicó por Shurkamp una conferencia que dio el 6 de abril de 1967 por invitación de la Asociación de Estudiantes Socialistas de Austria en el Neues Institutsgebäude de la Universidad de Viena. La editorial Taurus con una pulcra traducción de Teófilo de Lozoya y Juan Rabasseda publicó el pasado 20 de febrero el texto correspondiente a aquella conferencia.

El fenómeno del radicalismo de derechas ha sido en los últimos años un foco permanente de atención de las reflexiones políticas tanto en España como en Europa, en los países latinoamericanos y en EEUU, como se puede comprobar en la inabarcable bibliografía reciente sobre el tema. Así que más allá del aniversario, la publicación de la conferencia puede resultar pertinente, incluso a pesar de la justificada reticencia que tenía Adorno a la publicación de los registros de sus conferencias por su carácter de ocasionalidad y, aunque ejemplares en muchos aspectos como se puede comprobar en este caso, por la falta de precisión que perseguía en su producción escrita, por los circunloquios, las repeticiones y, a veces, las interrupciones que en el desarrollo de sus abarrotadas intervenciones se producían. Se puede comprobar aquí:

Al interés que pudiera suscitar el verano pasado el escrito de Adorno por el acaecimiento de subidas en los resultados electorales de las formaciones de extrema derecha, se una ahora, además, la radicalización de los discursos de la derecha tradicional, cuyas actitudes y recursos en el campo de la comunicación, en España y en otros lugares, desde hace tiempo y más ahora en la crisis de la epidemia de COVID19, apenas se distinguen de los de los grupos de la extrema derecha. Y se puede intentar hacer una lectura del discurso de Adorno desde esta perspectiva amparada también en el artículo ¿Qué significa elaborar el pasado?, Akal, OC 10/2, págs. 489-503, fruto de otra conferencia anterior pero ya depurada para la publicación, y a la que se hace una indicación en la propia conferencia de Viena.

Claro que Adorno no se puede resumir. Él alguna vez lo comenta: si se pudiera resumir lo que yo escribo, dice, ya lo hubiera resumido yo. O cuando insiste en muchas ocasiones en que lo expresado de otra forma no es exactamente lo mismo. Y por eso aquí sólo trataré de aludir a algunas indicaciones para sugerir el interés que puediera tener la lectura de éste y otros escritos de Adorno. En particular, aludiré a las tesis de Adorno de en qué situaciones sociales se produce una radicalización del discurso de la derecha, en cómo son interpretadas estás situaciones desde esas propias posiciones, con qué actitud emplea los recursos de los medios de comunicación y, por último, cómo se puede combatir esa radicalización.

La situación en la que se produce la radicalización del discurso de la derecha es la de una tendencia a la concentración del capital dominante, lo que significa la posibilidad de desclasamiento de las capas sociales que desean mantener su estatus social, y en las que el avance y el paro tecnológico les hace sentirse ya de más y en desempleo potencial. Señala, especialmente, al sector agrario, que compatibiliza sus posiciones en teoría liberales con el hecho de ser un sector subvencionado y que ha tenido recientemente un comportamiento en consonancia con esta interpretación. Además, la tendencia a la concentración del capital pone más en evidencia la situación de que la democracia no se ha concretado de manera real y plena, sino que sigue siendo algo meramente formal.

Esta situación es interpretada por los grupos que radicalizan sus discursos en clave de odio contra el socialismo, contra aquellos que quieren abolir la pobreza, pero escudándose en el eslogan de la lucha contra el bolchevismo, de la tiranía de las mayorías, que ha servido siempre de camuflaje para aquellos que no aprecian la libertad más que los bolcheviques. También señala Adorno el uso en la interpretación de las claves del nacionalismo entendido, ahora en la fase de mayor interdependencia global, como unilateralidad que se opone a lo común plural, y el uso vacío de los símbolos, como por ejemplo, el de ahora poner el crespón en las banderas por aquellos que quieren ocultar su especial contribución a la debilitación de la sanidad pública, e interpretar la pandemia como un desastre exclusivamente natural. En el artículo de hoy se ejemplifican algunos aspectos de estas interpretaciones. También la derecha radicalizada tiende a confundir el afán de lucro y el interés por las ventajas materiales con la teoría materialista de la historia, y así se comporta con los que desean cambiar el sistema como si lo único que quisieran es poseer más y más cosas. Vamos a señalar por último, aunque Adorno añade otras consideraciones, la tendencia en los grupos de la derecha a que la propaganda constituya de por sí la esencia misma y casi exclusiva de la política.

En relación con lo anterior Adorno señala un número pequeño de trucos estandarizados de comunicación, totalmente cosificados que se repiten, una y otra vez. Simplemente los voy a enumerar, aunque para la mayor parte disponemos de ejemplificación audiovisual, que en realidad haría innecesariamente larga esta exposición, y además de manera ineficaz, porque quien haya llegado hasta aquí los tiene en la memoria, o los puede encontrar con facilidad. Serían: el llamamiento continuo a lo concreto con la acumulación de datos que en general no se pueden replicar, y pontificados con conocimientos que difícilmente se pueden controlar; el “método salami” o la erosión, rodaja a rodaja, de las tesis que se quieren debilitar, como la existencia de recortes en la sanidad; el formalismo jurídico en temas como la libertad de expresión y algunos otros aspectos abstractos; el hablar como si estuvieran revestidos de algún tipo de autoridad, por ejemplo cuando comienzan diciendo de alguien al que se oponen que no tiene capacidad moral; la monopolización del adjetivo “español”;  la exhortación a que se tenga alguna idea, donde el concepto de idea es convertido en su contrario al hacer indiferente el propio contenido de esa idea. Y, por último y entre otros, para no extendernos, la apelación inespecífica y permanente a la traición a la patria, de la que excluyen a quien les parece bien, hayan nacido aquí o lleven viviendo mucho tiempo entre nosotros.

Y, para acabar, las opiniones de Adorno de cómo nos podemos defender de esos discursos radicalizados de la derecha. La primera consideración es la de que guardar silencio sobre esta radicalización no da buenos resultados. La segunda es evitar el moralizar, para apelar a las contradicciones internas entre las declaraciones ideologizadas y los intereses reales de la gente. La tercera es que aquellos a los que uno debería entender y cambiar son a los radicales de derechas y no a aquellos contra los que éstos han monopolizado su odio. La cuarta es poner en relación la ideologización autoritaria de los líderes con su propia psicología, haciendo que ellos se conviertan en el problema. Y, por último, dada la falsedad objetiva y la falta de veracidad de sus contenidos, dar la batalla utilizando sus propios medios propagandísticos: vacunar a la población contra la reiteración de sus trucos, ya que nadie quiere ser tratado como un idiota, sin oponerles mentiras sino con la fuerza de la razón y la verdad realmente no ideológica.

Acaba la conferencia Adorno mostrando cómo preguntarse por el futuro del radicalismo de la derecha implica una mala relación, como de simple espectador, con la realidad, y señalando que la forma de cómo se desarrollen las cosas depende, en último término, de nosotros mismos.

En los momentos en que se comenzó a conformar esa estructura económica difusa y variable que se llamó neoliberalismo alguien que contribuyó de manera importante a su establecimiento declaró “la economía es el método, la finalidad  es cambiar el corazón y el alma”. Al fin y al cabo, un homenaje reconocido al genio de Marx, por ejemplo en La ideología alemana (Akal, Madrid, 2018, pág. 31): los productos de la conciencia no brotan por obra de la crítica espiritual,  […], sino por la transformación práctica de las relaciones sociales reales. Adorno nunca perdió de vista esta consideración. Pero en aquellas circunstancia de 1967 no era tan necesaria como ahora su explicitación.

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