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Opinión

Del 'tamayazo' de 2003 al 'murcianazo' de 2021

Transfuguismo murciano y Trasvase franquista

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Rojo De Boquilla
15 de agosto de 2021

¿Saben ustedes cuál fue el tema del que más se habló en 2005? Seguramente ni se lo imagen: el agua. Lejos quedan esos tiempos en los que la principal preocupación de los españoles era la sequía. Sin problemas económicos, ni pandemia mundial, en España se hablaba de planificación hidrológica. Uno de los temas más complejos para la prensa actual y, probablemente, el desafío más relevante al que nos enfrentaremos en los próximos años.

Poco antes en 2003 en España, dos diputados socialistas impidieron la investidura de Rafael Simancas como presidente de la Comunidad de Madrid. Y, desde entonces hasta hoy, tenemos PP en la Asamblea de la capital con algunos líderes en la cárcel y alguna expresidenta defenestrada por sus propios compañeros de filas que guardaron imágenes suyas años para hundirla cuando fuera preciso, al más puro estilo de la mafia.

Y todas estas consecuencias dejaron atrás la preocupación por el caso de transfuguismo. Un asunto que se ha repetido 20 años después en la periferia, de la que no se habla tanto, pero cuyo poder hizo tambalear el tablero político español, con las derivadas elecciones de la Comunidad de Madrid en las que la presidenta Ayuso, no solo ganó sino que se deshizo de sus socios de Ciudadanos y le permite a los de VOX que sigan cerca pero casi como palanganeros.

Decía que los escándalos de la Región de Murcia, con mucho menos impacto que los casos de corrupción de Madrid, en todo caso impedirán que se analice con minuciosidad los hechos ocurridos el pasado marzo, un año después del inicio de la pandemia. Y es que hemos visto cómo los dirigentes se han colado en la vacunación -cuando pensaron que no habría para todos en plena pandemia-, hemos comprobado como se saltan la lista de espera sanitaria, siempre que pueden, para intervenir a sus familiares y se llaman así mismos “líder”, a lo que el otro replica “a mandar”, en un mensaje bochornoso que muy pocos medios se han atrevido a denunciar.

Teodoro García Egea -desde lo que queda de Génova en Madrid- ha servido argumentarios lastimeros de porqué se comportan como corruptos.

Que, pide al presidente López Miras que un hospital murciano opere a un familiar, hay que ver qué mala es la prensa libre que van a por ellos y los van a denunciar por publicar sus mensajes de texto, aunque quede claro el caso de nepotismo y hubiera tenido que dimitir al día siguiente.

Que se saltan la lista de espera de vacunación, bueno es que van a por ellos.

Que tres diputados de Cs que forman parte de la coalición en la Región de Murcia son expulsados, en un caso muy similar a lo ocurrido en Madrid con el “tamayazo”, pues la explicación es que son unos “valientes” no transfugas.

Y así, todo el tiempo, aderezado con el discurso lacrimógeno de que les recortan el Trasvase.

Hasta tal punto llega el despropósito que, en la última Conferencia de Presidentes, López Miras tuvo el cuajo de llevarse a la tránsfuga, Isabel Franco a Salamanca y ponerla detrás de él en la rueda de prensa, para mayor estupefacción de Ana Martínez Vidal, su excompañera de Cs frustrada presidenta, gracias a su traición.

López Miras e Isabel Franco pasarán a la historia por haber retrocedido a la sociedad de su región incorporando a una transfuga, esta vez de VOX, como consejera del área más importantes para el desarrollo y el futuro de un territorio, lastrando varias generaciones enteras. Lejos quedó el pefil centrista de Ana Martínez Vidal, ingeniera y política, con gran popularidad entre los empresarios y la la sociedad murciana como consejera de Industria, que vino a regenerar la política y terminó señalada y difamada por la maquinaria de la derecha. Otra víctima más de la mafia pepera.

La vicepresidenta del la Región de Murcia, Isabel Franco, ex de Cs, convive con cómoda con la extrema derecha a través de la consejera de Educación, Mabel Campuzano de VOX, – ya no, todo por el poder- cuyo máximo objetivo es la imposición del pin parental.

Poco se habla en España de las consecuencias de poner al frente de la Educación y la Cultura de una comunidad autónoma -que ha sido un ejemplo universitario y referente en muchos aspectos de este ámbito- a una señora que, en la mayor campaña de vacunación de la historia, presume de no haberse inoculado la fórmula con la que todo el país está luchando contra la COVID19.

A lo que íbamos, sin consecuencias en la imagen pública del presidente murciano y con la falta de información respecto a lo que ocurre realmente en las provincias, el presidente Fernando López Miras (en Madrid, la mayoría de los periodistas no saben ni su nombre) se pone a dar una rueda de prensa con su vicepresidenta tránsfuga detrás para advertir de que el Trasvase Tajo-Segura ni se toque. Obviando a los dos millones de habitantes que han quedado en la extensa Castilla-La Mancha, como si no existieran y echándole la culpa de la situación del Tajo a Toledo, sin tener en cuenta que todas las aguas residuales que gestiona su amiga Ayuso van directamente a las aguas del río Tajo a través del Jarama.

En todo caso, da igual porque ahora no toca hablar de agua. Ni de la situacón del Mar Menor, ni de las camisetas negras que tiñen de luto una veintena de playas en protesta por el deterioro de la laguna. Todo es culpa del Gobierno de España, de los socialistas, de Pedro Sánchez, si hay que personificar, ahora que no está Pablo Iglesias.

Pero la verdad llegará pronto, como la ola de calor que azota España. Los efectos del cambio climático, la escasez de agua, las exigencias de un recuerso que ya no queda después de 40 años de esquilmar al exiguo río Tajo a través de un Trasvase que no da más de sí. Con los embalses de Guadalajara y Cuenca muy por debajo de su capacidad y la cabecera del Tajo en estado de emergencia, a la Vicepresidencia para la Transición Ecológica no le ha quedado más remedio que cambiar las reglas de explotación del Trasvase, para que no se vuelvan a trasvasar 38 hm3 de manera automática, nunca más. Es mucho más de lo que aspiran los municipios ribereños, afectados por la despoblación por falta de agua, pero para el lobby del SCRATS de Murcia y para el presidente López Miras y su consejero es inaceptable.

¡Otra vez el argumentario lastimero! Lastimero y falso, porque saben bien que la agricultura no se estaba beneficiando de esta infraestructura, más allá de un modelo agroindustrial insostenible en un sitio donde no hay agua y además se ha derivado en demasía para los intereses de otros sectores, a costa de abandonar a los verdaderos agricultores y ganaderos que conformabana un modelo de agricultura familiar que todavía existe en Castilla-La Mancha. Acostumbrados al estrés hídrico a lo largo de la historia, sus cultivos a cielo abierto llevan ventaja y son de los más agradecidos de España, siendo el territorio que más hectáreas dedica a la agricultura en todo el país y, sobre todo, a la agricultura ecológica productiva, sin contar los pastos permanentes de Andalucía.

A pesar de todo, el atractivo de invertir en tecnología de agua, un recurso natural básico para la recuperación de España, puede suponer una gran oportunidad económica para el país. El coronavirus no ha hecho más que recordarnos la importancia de las infraestructuras del agua, los análisis de aguas residuales y las imprescindibles depuradoras. Hemos vivido muy de cerca la necesidad de la gestión óptima del agua para garantizar alimentos y que nuestra economía haya seguido funcionando gracias a las exportaciones, por ejemplo, de ajo, queso o vino que no han cesado en plena crisis sanitaria.

Con todo este contexto, vemos como se hace necesario especialistas en la materia y expertos que puedan explicar a la ciudadanía una nueva cultura del agua, con el legado que nos han dejado nuestros ancestros y sin que la política utilice el Trasvase para tapar otras miserias transfuguistas y nepotistas que sí afectan a la credibilidad de los que nos gobiernan.

Para tratar de comprender lo que puede hacer un periodista en ese asunto, hay que parafrasear al filósofo Pierre Bourdieu que dice que “hay que tener presente una serie de parámetros: en primer lugar, la posición del jefe para el que trabaja y luego su propia posición en el espacio de ese lugar. Ese lugar es un campo de fuerzas, “hay dominantes y dominados, hay relaciones de desigualdad que se desarrollan en ese espacio que es también un campo de luchas para transformar o conservar ese campo de fuerzas”. Es decir, hay que tener en cuenta para quién trabaja.

Romper esta inercia comunicativa y contar lo que está pasando depende también de la voluntad política de abordar un asunto trascendental, en un país que ha comprobado como el agua afecta también a los precios de la luz, con las hidroeléctricas fijando los precios de la electricidad en las horas más caras del año. Y es que tanto el agua como la electricidad deberían estar garantizados por ley para todos y no ser objeto de mercadeo ni subasta.

 

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