Albacete tiene una característica que debería ocupar un lugar central en cualquier estrategia de movilidad. Es una ciudad muy bien situada y un importante nodo de comunicaciones. Su posición la conecta con Madrid, con el Levante y el Puerto de Valencia y también con Andalucía. Esa condición puede convertirse en una ventaja económica y empresarial todavía mayor, pero para ello la movilidad dentro de la propia ciudad debe estar a la altura.
Y ahí existe un reto evidente, Albacete necesita un plan de movilidad ambicioso, integral y adaptado a las necesidades reales de quienes viven, trabajan y visitan la ciudad.
El taxi es una pieza esencial
En una ciudad compacta como Albacete, las distancias son relativamente cortas. En muchas ocasiones se puede atravesar la ciudad caminando en treinta o cuarenta minutos a lo sumo. Pero eso no significa que caminar sea siempre una alternativa razonable.
Pensemos, por ejemplo, en un ejecutivo que llega a Albacete para una reunión y necesita desplazarse desde la estación hasta el Campus. No siempre puede recorrer ese trayecto a pie, especialmente si lleva equipaje, documentación o necesita mantener una determinada indumentaria profesional. Lo mismo sucede con personas mayores, personas con discapacidad o ciudadanos que, por sus circunstancias personales, necesitan un transporte puerta a puerta.
Por eso, el taxi no debe contemplarse como un elemento accesorio de la movilidad urbana, sino como parte de la infraestructura de transporte de la ciudad.
Actualmente Albacete cuenta con 107 licencias de taxi. Esa cifra no se ha incrementado desde 2008 y, de hecho, en 2026 se han producido situaciones que han puesto de manifiesto problemas de disponibilidad en determinados momentos.
Además, la propia normativa de Castilla-La Mancha establece que el número de licencias debe analizarse teniendo en cuenta factores como la demanda, la oferta existente, la actividad comercial y turística, las infraestructuras y el grado de cobertura del transporte público. También permite establecer una contingentación específica a partir de un estudio de movilidad.
Por tanto, la cuestión no debería reducirse a discutir si hay 107, 109 o 115 licencias. La pregunta fundamental es si el número actual permite prestar un servicio suficiente durante las horas y circunstancias en las que se produce la demanda.
En 2024 el Ayuntamiento señalaba que las 107 licencias estaban por debajo del máximo legal de 115 que resultaba de la población entonces considerada, y aprobó dos nuevas licencias de eurotaxi. En 2026 se ha anunciado además la tramitación de nuevas licencias y la incorporación de más vehículos adaptados.
Pero quizá sea el momento de ir un paso más allá y realizar un estudio serio de demanda y dimensionar el servicio pensando en la Albacete de los próximos diez años, no en la de 2008
Una movilidad pensada para todos
La accesibilidad debe formar parte de esa planificación.
No basta con disponer de un porcentaje mínimo de taxis adaptados si, en determinados momentos, una persona que necesita uno no puede encontrarlo. En 2024 el propio Ayuntamiento reconocía que los vehículos adaptados existentes podían resultar insuficientes para atender determinadas solicitudes.
Una ciudad moderna debe garantizar que una persona con movilidad reducida pueda desplazarse con la misma normalidad que cualquier otro ciudadano.
Y esto no es incompatible con fomentar otros medios de transporte. Al contrario una buena política de movilidad debe ofrecer alternativas y permitir que cada ciudadano utilice la que mejor se adapte a sus circunstancias.
Más bicicletas y mejores carriles bici
Ahí entra también la bicicleta.
Albacete tiene condiciones especialmente favorables para potenciarla: es una ciudad relativamente llana, compacta y con distancias que permiten realizar numerosos desplazamientos cotidianos en bicicleta.
Pero para que la bicicleta sea realmente una alternativa de movilidad y no solamente una opción deportiva o de ocio hacen falta más bicicletas disponibles, una red de carriles bici coherente, aparcamientos seguros y conexiones entre los distintos barrios y puntos estratégicos de la ciudad.
El objetivo debería ser que una persona pueda coger una bicicleta y desplazarse con seguridad hasta su destino sin tener que enfrentarse constantemente a interrupciones, cruces poco protegidos o tramos inconexos.
En este terreno, Zaragoza puede servir como referencia para estudiar modelos de movilidad ciclista y de bicicleta pública, adaptándolos, naturalmente, a las dimensiones y características de Albacete.
Una ciudad conectada necesita estar bien conectada por dentro
Albacete tiene una oportunidad que no debería desaprovechar.
Su posición geográfica la convierte en un punto estratégico entre Madrid, el Levante, Valencia y Andalucía. La llegada de visitantes por ferrocarril o carretera, la actividad empresarial, los congresos, el turismo y las relaciones comerciales generan necesidades de desplazamiento que van mucho más allá de los movimientos cotidianos de los residentes.
Por eso resulta paradójico que una ciudad que aspira a aprovechar su condición de nodo de comunicaciones pueda encontrarse con dificultades para conseguir un taxi en determinados momentos.
La movilidad urbana es también una herramienta de competitividad económica.
Un empresario que llega a una ciudad debe poder desplazarse con facilidad. Una persona que acude a una reunión debe poder llegar a tiempo. Un visitante debe poder moverse sin necesidad de conocer previamente la ciudad. Y una persona con discapacidad debe tener garantizada una alternativa accesible.
No se trata de elegir entre coche, taxi, bicicleta o autobús
El debate debería superar esa falsa disyuntiva.
Albacete necesita más opciones de movilidad y mejor coordinadas entre sí. No hace falta que todos utilicemos el mismo medio de transporte. Hace falta que todos tengamos alternativas.
Albacete tiene tamaño, ubicación y características urbanas para construir un modelo de movilidad moderno. Lo que necesita ahora es planificación, inversión y una visión de ciudad que tenga en cuenta tanto al vecino que se desplaza todos los días como al visitante que llega por negocios, turismo o cualquier otra actividad.
Porque una ciudad que aspira a ser un gran nodo de comunicaciones no puede limitar sea estar bien conectada con el exterior.
También tiene que ser fácil moverse dentro de ella.
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