Querido, Pedro
Veo que no pudiste leer nuestra carta. Te creo y te entiendo. Con el berenjenal electoral en el que andas metido, no está el horno para epístolas. E imagino que adelantar las elecciones un año entero, solo se hace con datos o con fe. Tú eres economista, así que quiero pensar que las cuentas están hechas. De los dos tipos de personas que existen, tú eres de los que cuentan antes de saltar. Espero que los números te salgan.
Pero hay algo que conviene que sepas. El partido, en una de las provincias más sanchistas de España, cuando necesitabas que te arroparan, hoy está hecho unos zorros. La militancia se ha sentido decepcionada en los últimos años y no es contigo. Precisamente es porque han visto que los que venían a regenerar y hacer las cosas distintas, internamente han hecho lo mismo que a los que decían combatir.
Por eso Albacete no es neutral. La provincia tampoco. Por mucho que algunos se empeñen en decir lo contrario y aunque hayan conseguido que el Ayuntamiento de la capital te declare persona non grata, hay mucha gente en la calle que te quiere. A pesar de la campaña traicionera, a pesar de los pactos que se han tejido para apartarte y a pesar de todo lo que todavía se puedan inventar, con la connivencia de muchos de los que se están beneficiando a la chita callando.
El cariño no aparece en las encuestas. No se mide en escaños ni se traduce en porcentajes. Pero hay una forma de reconocerlo y es que se nota en una cafetería cuando entras.
Tú representas algo poco frecuente en estos tiempos. La estabilidad de los afectos. La misma esposa, los mismos principios y una capacidad de resistencia que muchos han convertido en ejemplo. Mientras otros cambian de chaqueta, de bando y hasta de convicciones según sople el viento, tú pareces un hombre que vive con los cimientos puestos. Y en política, donde casi todo parece provisional, eso tiene un valor que no conviene despreciar.
Ya sé que Albacete es un lugar pequeño en el mapa pero siempre fue estratégico, si no que se lo pregunten a los descendientes de las Brigadas Internacionales. Hay mucha gente que sigue confiando en ti. Los que se sienten desheredados, los que conocen el precio de enfrentarse al poder, los que han sufrido la difamación y han visto cómo sus familias acababan pagando también la factura. Los que, en algunos pueblos, todavía tienen miedo de los caciques. Para todos ellos, con una izquierda fragmentada y sin referentes capaces de ilusionar, la regeneración eres tú.
Y precisamente por eso, presidente, no te equivoques con las listas.
Las listas provinciales importan. Mucho más de lo que algunos quieren admitir. Porque cuando un vecino deposita su voto por ti, también espera encontrar cierta coherencia en los nombres que representan a su provincia. No quiere una sorpresa, un favor devuelto ni las mismas caras de siempre que aparezcan de pronto sin que nadie sepa muy bien por qué. Quiere mirar la papeleta y reconocerse en ella.
Eso lo sabes. Lo que me temo es que cada vez tengas menos gente dispuesta a decírtelo. A las personas que resisten cuando ganan se les suele rodear de aplausos. Y, cuando los aplausos se convierten en la única banda sonora, el silencio de quienes discrepan puede resultar más peligroso que el ruido de los adversarios.
Porque no todo el que te lleva la contraria quiere verte caer, ni todo el que te aplaude está pensando en lo que más te conviene.
Aun así, me consta que, si quisieras escucharla, hay gente que podría decirte la verdad. Alguna. Alguno. Y no, no son quienes escriben desde los mismos lugares en los que te despellejan. Esos tienen sus propias urgencias y sus propias cuentas que cuadrar.
Los que de verdad te quieren bien no suelen hacer ruido. No salen en las tertulias ni necesitan dejar constancia de su lealtad. Están en la calle, algunos los tienes más cerca de lo que te imaginas y muchas están en la cola de la panadería. Y también esperan. Esperan a ver qué nombres te representan en las listas. Porque, al final, la confianza se demuestra en los momentos importantes, pero también se pierde en los pequeños detalles. Y una papeleta puede ser uno de ellos.
Así que, querido Pedro haz las cuentas. Pero no cuentes solo escaños. Cuenta también a quienes siguen confiando en ti, a quienes te han defendido cuando hacerlo no resultaba fácil ni rentable y a quienes esperan que no confundas la lealtad con la obediencia perruna.
Ojalá te salgan los números. Y, sobre todo, ojalá no te fallen las personas.
Un abrazo.
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