Regeneración política en el siglo XXI

Presidente, mira las listas

Cuatro peticiones al presidente que no cuestan dinero y sí desvelos: vigilar el pedigree, apagar el brasero, buscar a quien no tiene miedo y mirar cuántos pisos tiene cada candidato

Albacete Cuenta

Querido, Presidente

Si de verdad quieres movilizar a la izquierda y que vaya a votar, échale un ojo a las listas que van a presentar en las provincias.

Dicen que los diputados y los senadores son del partido y no de las comunidades autónomas. Perfecto. Pues si los escaños son del partido, las listas también, y las listas son lo único que no puedes delegar, si quieres que la izquierda vaya a votar.

Te cuento una historia de las que se oyen en los pueblos. Un maestro rural de izquierdas, de los de antes, recibió un día una carta sin remitente. Dentro no había amenaza ninguna, solo un recorte de periódico con la noticia de un maestro de otro pueblo al que habían trasladado “por necesidades del servicio”. Sin una palabra más. Él guardó la carta en el cajón y siguió dando clase, pero desde ese día corregía los exámenes con la puerta cerrada. “No me asusté”, decía. “Es que entendí que me estaban avisando con educación, que es lo que más miedo da.”

Ese hombre sabía más de izquierda que media ejecutiva federal, y no iba a salir en ninguna lista. Pero sí saldría el sobrino del notario, que tenía mejor apellido y ninguna cicatriz.

Así que te hago cuatro peticiones, de las que no cuestan dinero y sí desvelos.

Saca las listas de la mesa camilla. Es un invento magnífico sobre todo para este tiempo que empieza: brasero, mantel largo y nadie ve lo que pasa por debajo. Allí se reparten los puestos tres o cuatro según sus intereses y equilibrios, se toma un café y se llama a eso consenso. Pero mejor, pregunta a personas militantes y simpatizantes que llevan veinte años sin que les pregunten nada.

No pongas a quien no te va a defender por miedo al cacique. Cuando el alcalde te declara persona non grata, lo peor no es el desaire, es que los tuyos ni tosan porque han aprendido que lo mejor es no molestar. Ese candidato, cuando vuelva de sus viajes a Madrid, no te defenderá a ti.

No dejes que estén los que tienen un palacio o diez pisos. No digo que sean malas personas. Algunos hasta serán simpáticos. Digo que a quien tiene diez pisos le cuesta entender la angustia de quien no encuentra uno para alquilar, y que es raro pedirle que vote una ley de vivienda con la misma convicción con que renueva a sus inquilinos. Del palacio, mejor que se ocupe el palacio, que da mucho trabajo.

Vigila el pedigree. En cada provincia hay apellidos que llevan en el partido más tiempo que la sede. Buena cara, buena agenda y la tranquilidad de quien nunca ha tenido que explicar cómo llegó hasta ahí. A veces el pedigree es mérito y a veces es herencia, y conviene saber cuál de las dos cosas se está premiando. La izquierda, al fin y al cabo, nació para repartir oportunidades, no para heredarlas.

Me dirás que es fácil decirlo desde fuera. Tienes razón. Pero el votante de izquierdas no pide candidatos perfectos, que no existen. Pide que se note que alguien pensó en él al hacer la lista y no en los compromisos de la cena de Navidad. Se nota enseguida. Cuando una lista huele a favor devuelto, el votante no se enfada. Se queda en casa. Y eso es peor, porque no hace ruido y no se puede rebatir.

Acuérdate del maestro y de su carta sin remitente. Esa lista tiene que ser para él, no para el sobrino del notario.

Un abrazo y la mesa camilla, bien lejos.


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