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Opinión

Cuando el perfume del ambiente es neutro...

La importancia de un buen programa electoral

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11 de Marzo de 2014

La señora de la limpieza llegó diez minutos antes de su hora, se quitó la cazadora y la dejó sobre un montón de cajas de viejos folletos electorales. Luego se quitó los zapatos y los cambió por unos zuecos blancos que llevaba en una bolsa verde de plástico. Se los calzó y se puso la chaquetilla blanca con el emblema de su empresa. Cogió la escoba, la mopa, la fregona, el limpia-cristales y varios trapos. Cerró con llave el trastero que hacía las veces de vestuario.

Empezaba su jornada laboral en las oficinas de Pedro Coca.

Siempre empezaba por los despachos vacíos, mesas cargadas de folios, rotuladores y ordenadores de mesa. Suelos cargados de pisadas que empezaron a brillar y cambiaron el olor de reunión por el aroma a limpio. Ella se preciaba de haber sustituído el viejo ambientador de pino por uno neutro: permanecía más tiempo en el ambiente pero molestaba menos.

Después de varios despachos entró en una sala de reuniones donde varias personas charlaban. Con un gesto de la mano, uno de ellos le dijo que entrara e hiciera su trabajo sin preocuparse de nada.

En la mesa de reuniones, además de vasos de café y un cenicero, había muchos papeles, muchos folios con anotaciones y alguna que otra propuesta que la señora de la limpieza pudo ver sin forzar la vista. Le llamó la atención el tema que trataban. Una de las personas de la mesa dijo:

-He oído por la calle que la gente quiere que la zona azul sea más roja, lo más roja posible.

-Bien, bien –comenzó a decir una mujer a su lado-, la gente quiere rojo, les daremos rojo. La primera medida, la zona azul…roja.

-Y la zona roja, ¿qué hacemos con ella? –Preguntó otro hombre, el tercer componente de aquella importante reunión.

-La pondremos magenta, un sector de nuestros votantes exigen este tono –dijo la mujer de nuevo.

-Magenta pues.

-Y la verde se queda verde.

-Sí, total, la verde es tan escasa que apenas nos da rendimiento.

-Pero la roja y la azul sí –dijeron los tres al tiempo.

-¿Ponemos zona azul o roja en la Universidad?

-No, a la Universidad ni tocarla –dijo el hombre que llevaba el peso de la reunión.

– Por esa regla de tres, deberíamos quitar la zona azul del Hospital –dijo el otro hombre.

-Calla, calla, que da buenos rendimientos. Sólo tenemos que decir que fue cosa del anterior Gobierno y suficiente.

-Entonces, ¿no hacemos nada con el Hospital? –Dijo con tono enfadado la mujer. Sabía que era una de sus bazas más importantes.

-Te acabo de decir que nuestro argumento será culpar al anterior equipo de Gobierno.

La señora de la limpieza pasó la mopa bajos sus pies, eliminó como pudo el polvo de la mesa, perfumó con su ambientador neutro la sala de reuniones, y trató de no escuchar más argumentos a favor ni en contra, sólo quería hacer bien su trabajo para poder mantenerlo en el tiempo, aunque apenas le pagaran 800 euros al mes.

El resto de argumentos hacía tiempo habían dejado de interesarle. Ni siquiera cuestiones tan importantes como la zona azul, roja, verde o magenta.

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