El incómodo privilegio de ser libre

La difamación como arma contra quien no necesita la política

  • En el turnismo político, cuando alguien acredita formación, experiencia profesional y una trayectoria al margen de los partidos, su independencia puede convertirse en un elemento incómodo. Y es precisamente ahí donde la crítica política corre el riesgo de transformarse en señalamiento y difamación

Albacete Cuenta

¿Por qué un servidor público, que ha accedido a su puesto por oposición y que no necesita de la política para ganarse la vida, se convierte en objetivo de ataques de los partidos simplemente por defender al presidente del Gobierno?

Recientemente se ha visto contra uno de esos funcionarios albaceteños que no tiene ninguna necesidad personal de meterse en el fango político y que, sin embargo, defiende la acción de Gobierno del presidente, Pedro Sánchez. Es especialmente llamativo que soporte la difamación y los ataques de quienes parecen tener mucho que decir sobre política, pero bastante menos que acreditar fuera de ella.

En la ciudad donde no penaliza insultar al presidente. Desde el Ayuntamiento se presume directamente de haberle declarado persona non grata y parece que quienes se atreven a defenderlo pasan automáticamente a formar parte del objetivo de una determinada cacería de los que no quieren que nada cambie.

La política democrática debería consistir en confrontar ideas, gestionar instituciones y rendir cuentas ante los ciudadanos. No en insultar, desacreditar o perseguir personalmente.

Por eso, si implicarse en política significa recibir insultos de algunos representantes públicos de la provincia por defender aquello en lo que uno cree, quizá haya que decirlo alto y claro: debe ser un honor no necesitar de la política para vivir y, aun así, tener el valor de defender las propias convicciones.

La envidia, el problema de España

Hay perfiles que resultan cómodos para el sistema político. Siempre están ahí, siempre forman parte de la misma dinámica y nunca ponen en cuestión determinadas reglas del juego. Les viene bien que existan porque permiten mantener una determinada narrativa mientras se confunde a la ciudadanía sobre lo verdaderamente importante.

Al final, el problema no debería ser que alguien participe en política. El problema aparece cuando la política se convierte en la única credencial de una trayectoria profesional y, aun así, se pretende desacreditar a quien puede volver a su profesión cuando termina su etapa política.

En democracia, sería mucho más saludable discutir sobre ideas, resultados y proyectos que intentar desacreditar a las personas, por sus opiniones.

Porque, cuando se necesita atacar la vida personal o profesional del adversario en lugar de debatir sus argumentos, quizá sea porque los argumentos empiezan a escasear.


Descubre más desde Albacete Cuenta

Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.

#Albacete, #funcionarios, #PedroSánchez, politica